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Tras los últimos pasos del “Che” en Bolivia
Con su aventura, Guevara hizo posible
que La Higuera, situada a unos 800 kilómetros al sureste de La Paz, y otros
pueblos de esa olvidada región boliviana, en los departamentos de Santa Cruz y
Chuquisaca, fueran visibles en el mapa del mundo. Ahora, 37 años después de esos
sucesos, está a punto de hacerlo nuevamente, ésta vez sin proponérselo.
Los pobladores de esas tierras, sencillos y amables con los visitantes, han
creado la «Ruta del ‘Che’», una combinación de turismo de aventura, por donde
los guerrilleros abrieron sendas a machete y combatieron con el ejército
boliviano, con un viaje imaginario al pasado para desgranar la historia de la
guerrilla, oyendo a los testigos de la época que aún viven en la zona. La
travesía dura al menos cinco días y une las localidades de Lagunillas, Camiri,
Vallegrande, Pucará, La Higuera, Samaipata, Monteagudo y Muyupampa.
LAS PRIMERAS HUELLAS DEL CHE
Cuando a finales de los sesenta el mundo se preguntaba dónde estaba el «Che»,
éste apareció en el sudeste de Bolivia con una columna de guerrilleros cubanos,
bolivianos, peruanos y argentinos, en la zona de Ñancahuazú, cerca del poblado
de Lagunillas, 275 kilómetros al sur de la ciudad de Santa Cruz. Este es el
punto de partida de la ruta turística y el lugar donde los guaraníes de la
capitanía de Iupaguazú gestaron la idea de usar la última odisea del ‘Che’ para
mejorar su nivel de vida.
El proyecto nació «independientemente de la ideología que tenía el Che», según
la presidenta de la Asamblea del Pueblo Guaraní en Bolivia, Nelly Romero. Los
ideales comunistas por los que murió Guevara no fueron obstáculo para lograr la
ayuda de la organización de origen británico Care-Bolivia, ni del mismo Ejército
boliviano que hasta hace pocos años derribaba los bustos que se levantaban al
revolucionario en La Higuera.
Los militares de la Cuarta División del Ejército, la misma unidad castrense que
combatió a Guevara en 1967, han remodelado una antigua cárcel en Lagunillas para
montar uno de los tres museos dedicados a la historia de la guerrilla que
existen en la ruta turística y que fueron diseñados por el argentino Favio
Giorgio, seguidor de las ideas «guevaristas» y que justifica el uso del icono
revolucionario en esta causa como una oportunidad para enfrentar la pobreza, con
índices cercanos al 90 por ciento en la región.
DEBRAY, A JUICIO EN CAMIRI
De Lagunillas a Camiri, la segunda parada en la ruta, hay 45 kilómetros hacia el
sur. La memoria de esta ciudad ha quedado marcada con el juicio militar seguido
al intelectual francés Regis Debray y al artista argentino Ciro Bustos,
capturados por el Ejército cuando intentaban abandonar la zona de guerra después
de haberse entrevistado con el «Che» en la selva. Sus celdas y los utensilios
usados durante su tiempo de reclusión, además de los retratos de los
guerrilleros que hizo Bustos para el Ejército en prisión, se muestran en la
ruta.
Guevara, oculto en la selva con sus guerrilleros, también siguió por radio los
detalles del proceso contra los aprehendidos, que fue un gran acontecimiento que
sobresaltó este tranquilo pueblo. Los dos detenidos fueron condenados a treinta
años de prisión en el juicio, pero sólo cumplieron tres, entre 1967 y 1970,
gracias a la absolución conseguida de un gobierno militar de izquierda.
DESVELOS POR «TANIA» EN YESO
La siguiente estación de la travesía es el pequeño caserío Yeso, situado a 144
kilómetros al norte de Camiri, al que se llega cruzando el río Grande en un
gigante pontón tirado de una orilla a otra por tres campesinos a nado. Cerca de
ese lugar, el Ejército boliviano emboscó, en un vado del río Masicurí, la
columna de la retaguardia dirigida por Joaquín y de la que formó parte Tania,
los nombres de guerra del cubano Vitaliano Acuña y la argentina alemana Tamara
Bunke, cuya principal misión era en realidad infiltrar las altas esferas del
gobierno de La Paz, pero acabó de combatiente tras hacer una visita a la zona.
Una roca pintada en honor de los caídos recuerda ese episodio en la entrada a un
albergue comunal construido por los campesinos del Yeso, para quienes allí se
animen a pernoctar. Sin embargo, las atenciones que esta comunidad se esfuerza
en dar son tan pródigas que es fácil pasar la noche en desvelo, al calor de una
fogata, hablando con la gente de la hazaña de Tania, la única mujer de la
guerrilla, o simplemente contemplando la belleza del ciclo nocturno en la
idílica tranquilidad que allí se siente.
ULTIMA PARADA
La última parada de la ruta comienza en la Quebrada del Churo, a sólo 18
kilómetros de Pucará, donde Guevara dio su última batalla el 8 de octubre de
1967. Es posible acceder al lugar casi exacto de su captura mediante una
caminata de una hora a través de un terreno escarpado y espinoso, y llegar hasta
una gran piedra marcada mudo testigo de los sucesos de hace cuatro décadas.
Guevara, con una herida en la pantorrilla izquierda, fue trasladado desde allí a
una rustica escuela de La Higuera y un día después fue ejecutado. Desde
entonces, la localidad no ha cambiado mucho, pero una vez al año, cada 9 de
octubre, se transforma en una suerte de santuario para los seguidores del «Che»,
entre ellos muchos argentinos y cubanos, que llegan a rendirle homenajes. En
octubre, La Higuera, que no tiene más de medio centenar de familias, inauguró un
museo sobre la guerrilla, casi frente al enorme busto del guerrillero que ya se
alza en esta pequeña aldea, en el mismo lugar donde antes estaba la escuela
donde se asesinó a Guevara.
El cuerpo del revolucionario fue puesto en una camilla atada a los patines de un
helicóptero que lo trasladó desde La Higuera a Vallegrande, distantes en 63
kilómetros, y donde fue exhibido en la lavandería de hospital, que esta
pintarrajeada y deteriorada, pero que aún puede desatar recuerdos como la
inquietante imagen del guerrillero sin vida pero con los ojos abiertos, que
recorrió el mundo agregándole una dosis de misterio a su leyenda.
«Se tenía la impresión de que lo estaba mirando a uno y de que te contestaba con
la mirada, asegura el alemán Erich Blossl, que vive hace más de treinta años en
la Vallegrande y que fue uno de los primeros en fotografiar el cuerpo inerte de
Guevara.
En Vallegrande estuvieron por casi treinta años enterrados y ocultos los restos
del «Che» y de sus compañeros, hasta que la infidencia de un alto jefe militar
permitió en 1997 el hallazgo, la exhumación y posterior repatriación de los
huesos a Cuba. En esta población, que es un punto ineludible de la «Ruta del
‘Che’», existe ahora un museo municipal dedicado a la guerrilla y, sobre la fosa
común donde fueron desenterrados los restos, se está construyendo un mausoleo
que será habitado sólo por los esqueletos de los guerrilleros, lo que permite
probar la fuerza del mito.
Los réditos del viaje en la ruta del «Che» Guevara se doblan cuando se goza de
los paisajes casi ocultos de Bolivia, conocida por el limitado apodo de país
altiplánico, pero que en su extremo oriental muda en pocas horas de grandes
llanuras a exuberantes selvas, de serranías a vistosos valles y bosques secos,
tan inesperados como resultó la presencia del líder revolucionario en estas
tierras en 1967. (por Javier Aliaga, EFE)